El 23 de junio el entrenador Ekkapol Chantawong mantuvo a salvo a su equipo de fútbol americano dentro de una cueva a 12 metros de profundidad. Los niños quedaron atrapados en la cueva tailandesa tras el bloqueo de todas las rutas de salida por fuertes lluvias. El entrenador y los chicos, quienes tenían edades entre 11 y 16 años, estuvieron dentro de la cueva durante nueves días.


La misión completa duró nueve días para terminar con el rescate. El equipo regresó a la superficie a través de túneles de 2 ½ millas, de las cuales 0,6 estaban bajo el agua. Fue una de las labores más grandes, largas e intensas de la historia. Los 12 niños y su entrenador fueron rescatados con vida.
Ekkapol, quien es el entrenador del equipo, salió de la cueva un poco desnutrido. Él dio gran parte de sus escasas provisiones a los chicos para mantenerlos a salvo. Mientras muchos lo consideran como un héroe, otros afirman que él es el único culpable del terrible incidente.


Esta no es la primera vez que el entrenador escapa de una situación de muerte. Cuando él tenía 10 años comenzó su trágica historia. Una terrible enfermedad invadió su pueblo, al norte de Tailandia. Esta hecatombe mató a toda su familia y él fue el único que quedó con vida. Algunos parientes lo criaron hasta los 12 años. Posteriormente sus familiares lo enviaron a un monasterio. Ellos aseguran que Ekkapol se sentía “triste y solo”.
Allí aprendió la forma de vida de los monjes, como la meditación y a sobrevivir con lo necesario. Durante los 9 días terribles y cruciales, en los que se mantuvo dentro de la cueva, pudo poner en practica todos sus conocimientos. Ayudó a los niños a mantener la calma. Les enseñó a beber agua de las paredes y el arte de la meditación.
Asimismo, hace tres años dejó el monasterio para cuidar a su abuela enferma. Cuando ocurrió el incidente, él vivía con su abuela. Dividió su tiempo para cuidarla y formar parte del equipo de Moo Pa. Cuando comenzó a trabajar con los chicos encontró su verdadera vocación y pasión.


“Él encontró espíritus afines en los chicos, muchos de los cuales habían crecido pobres o eran parte de minorías étnicas, muy comunes en esta área fronteriza entre Myanmar y Tailandia.”
Además, se hizo cargo de los niños como si fueran parte de su propia familia. Los mantuvo dentro de un programa estricto de entrenamiento y creó un sistema de recompensas por cada esfuerzo y trabajo duro que hacían.
Muchos de los padres de estos niños y amigos cercanos de Ekkopal lo defendieron a través de la red social Twitter. Ellos sabían su historia y les preocupaba su bienestar cuando toda esta situación finalizara.


“Si él no hubiese estado con ellos, ¿qué le hubiese pasado a mi hijo?”dijo la madre de Pornchai Khamluang, uno de los chicos en la caverna, en una entrevista con una televisora tailandesa. “Cuando salga, tenemos que curar su corazón. Querido Ek, nunca te culparía”.
Ekkopal redactó un comunicado a los padres de los niños en donde se disculpaba por el terrible suceso y les suplicó que por favor no se culparan a sí mismos por el hecho. La nota se ganó el corazón de toda la comunidad y de muchos en el mundo entero.
La agencia para los refugiados de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, dice que en Tailandia viven al rededor de de 480.000 personas expatriadas de los cuales el entrenador y tres niños son parte de esta cifra.
El fundador del club Wild Boars Nopparat Khanthavong dijo para la agencia francesa de noticias AFP:
“Obtener la nacionalidad es la mayor esperanza para los niños … anteriormente estos muchachos tuvieron muchos problemas para viajar y participar en partidos fuera de Chiang Rai”. Agregó, debido a las restricciones que acompañan a su status. “Él es expatriado. No tiene nacionalidad. No proviene de ningún país”.
¿Fue esta prueba que casi le costó la vida al equipo causada por el mal juicio, la irresponsabilidad o simplemente un error? Las autoridades aún deben determinar su veredicto oficial, pero un hecho es evidente.


Ekkopal se dedicó a ayudar a estos chicos antes de que los muchachos se quedaran atrapados en esa cueva tailandesa. Con gusto habría dado su vida por ellos para lograr que todos salieran con vida. Él ama a esos niños con todo su corazón y nada cambiará eso. El mundo sería un lugar mejor si existieran más hombres cuyos corazones fueran tan puros como el de un entrenador quien no tiene nada más que dar que su amor, como Ekkapol Chantawong lo hizo.
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